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Sexualidad

Concordando con Londoño (1996) muchas generaciones han vivido y desaparecido ignorando su infinito potencial sexual así como la riqueza emocional, sensual y erótica que le es constitutivo. El conocimiento de esa riqueza es fundamental en la consecución de avances de la propia trascendencia y en el encuentro de los diversos sentidos del existir.

Así, tal como lo plantean Campos (2002) y Valverde et al (2002) el componente ético de la sexualidad hace referencia a la posición valórica que se asume frente a la sexualidad, consigo mismo y con los otros.   Se relaciona con el respeto por los valores y deseos de sí mismo y del otro. Por tanto, una sexualidad integral supone la expresión de valores y derechos humanos básicos postulados fundamentalmente como Derechos Sexuales y Reproductivos.

De este modo, si la salud es entendida consecuentemente como un derecho humano fundamental que trasciende a decisiones y responsabilidades personales, políticas, estatales, legislativas nacionales e internacionales; y si la sexualidad tal cual, es parte integral de la naturaleza humana propia, entonces, la salud sexual y los derechos a los que la misma apela, están íntimamente ligados en conjunta interdependencia en tanto que la conceptualización de uno incide en la práctica del otro, como la historia misma lo testifica.

Londoño (1996) expone por tanto, los siguientes derechos sexuales y reproductivos, los cuales, deben ser universales:

  • Derecho a condiciones ambientales, educacionales, nutricionales, afectivas y de salud apropiadas para el desarrollo de la vida humana.
  • Derecho al ejercicio autónomo de la sexualidad, a gozarla con o sin finalidad coital, de acuerdo con las propias preferencias y a la protección legal de las mismas.
  • Derecho a una sexualidad placentera y recreacional independiente de la reproducción. A usar contraceptivos gratuitos o a bajo costo con información actualizada, seguimiento, y el deber de quienes los prescriben de responder por sus efectos.
  • Derecho a conocer, respetar y amar el cuerpo y los genitales.
  • Derecho al amor, la sensualidad y el erotismo. A buscar afecto y relación sexual.
  • Derecho al orgasmo y a ser libres en la intimidad.
  • Derecho a la relación sexual independiente de la edad, estado civil o modelo familiar, exenta de cualquier forma de violencia, abuso o acuso.
  • Derecho a la maternidad libre; a recibirla y vivirla por propia elección y no por obligación.
  • Derecho de hombres y mujeres a participar con iguales responsabilidades en la crianza de los hijos(as), asumiéndola creativamente, y a construir entidades propias más allá de los dones de género.
  • Derecho a una educación sexual oportuna, integral, laica, gradual, científica y con enfoque de género.
  • Derecho a servicios de salud gratuitos y de calidad que faciliten el cuidado integral de la gestión, el parto, el posparto y la crianza, acompañados por legislaciones apropiadas.
  • Derecho a la adopción y a tratamientos para la infertilidad de tipo integral, asequibles y razonables.
  • Derecho a negar a facilitar investigaciones con nuestra función reproductiva, a estar informados de manera comprensible sobre el alcance de la tecnología que la modifique que debe regularse por una ética humanista.
  • Derecho a participar como ciudadanos y ONG´s, en la formulación e implementación de políticas y programas de población y desarrollo.
  • Derecho a no tener actividad sexual (Londoño, 1996).

En palabras de la misma autora, la libertad reivindicada por los presentes derechos, no sólo abarca procesos cognitivos, espirituales y de la conciencia, sino también motrices; de expresión y pensamiento propios, como también al actuar y a la práctica (Londoño, 1996, p. 129).

Así, la puesta en práctica de estos derechos no sólo en un plano legislativo sino también desde una postura intrapersonal, consolidándose desde las costumbres y estilos de comunicación entre los seres humanos mismos incidiría directamente en el proyecto de vida de cada persona como tal. No obstante dicha puesta en práctica debe fomentarse desde una visión de la sexualidad integral que reconozca tanto los aspectos biológicos, como los sociales y emocionales.

Referencias

  • Campos, A. (2002).  Educación de la sexualidad: Educación para la vida.
  • Londoño, M. (1996). Derechos Sexuales y reproductivos. Los más humanos de todos losderechos. Bogotá: Iseder.
  • Vega, M. (2004). Género y Salud. Hacia una atención integral de los y las adolescente: Módulo recapacitación para personal de salud. Caja Costarricense del Seguro Social. Gerencia de División Médica Dirección Técnica de Servicios de Salud Departamento de Medicina Preventiva. Programa Atención Integral a la Adolescencia Fondo de Población de las Naciones Unidas. San José. Caja Costarricense del Seguro Social.